Nunca Se Está Lo Suficientemente Hondo Para No Salir Jamas

 Esta frase la leí en una publicación de un muchacho joven que invierte gran parte de su tiempo dándole amor y comida a personas que no tienen ninguna de las dos cosas. Pero cuando leí esta frase el corazón se me arrugó, y mi mente me llevo a recordar quizás el momento más oscuro de mi vida.

  Había perdido todo, mi dignidad, mi juventud, mi inocencia, mis ganas de vivir, mi propósito, mi lugar, mi vida. Recuerdo que pasaba noches enteras mirando las estrellas y llorando, escribiendo en libretas mi dolor, tratando de calmar el sufrimiento de mi corazón. Me ahogaba la incertidumbre de no saber cómo seguir, y las ganas de morir cada día eras más intensas. Ese día dejé de creer en el amor, y corrí a toda velocidad por la vía contraria de la vida. 

"Después de algunos años,

solo se podían ver rastros de dolor,

y paquetes de rencor llenaban mi corazón. 

 Yo vivía en modo avión, y nunca más salió el sol. 

 Hasta que un día un hombre se acercó,

y me dijo: oye tú, no corras mas de Dios. 

 Ya se que rima, pero así pasó,

y ese día, mi vida cambió.

Dios sanó mi corazón,

y me liberó del dolor. 

Mis heridas cicatrizó,

y me enseño la magia del perdón. 

Me lleno de su indescriptible amor,

y me mostró cuan bella era en mi interior" 


 El me regalo una sonrisa para toda la vida, y me mostró el camino de vuelta a la felicidad. Por eso no podía dejar de compartir todo lo que hoy tengo gracias a Él, porque sé que quizás tu que lees esto pensarás: ya no tengo remedio, y la vergüenza no te ha dejado volver a sonreír; pero no es así, o piensas que mi historia terminó aquí.

  Pues tienes que saber que después de ese día que te acabo de contar, Dios me ha levantado muchas veces más, hasta que aprendí a caminar; y continúa haciéndolo, porque te cuento que aún lo de correr se me da fatal; y finalmente esa es su labor como Papá. 

 Y es que de eso se trata la vida, todo el tiempo estamos cambiando, avanzando y creciendo. Las caídas y las levantadas también forman parte del proceso. Y cuando aprendí eso decidí prometerle una sola cosa:

  “Pa no sé qué tormentas me toque enfrentar, pero te prometo que pase lo que pase siempre me voy a levantar, por ti y para ti; porque contigo todo vale la pena” 

  Así que tú que ahora mismo me lees, sacúdete, sécate esas lágrimas, habla con Papá, y créeme, NUNCA se están tan hondo como para no salir jamás. 

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